miércoles, 28 de abril de 2010

Corresponsal de guerra


EL LADRÓN DE MORFINA

Crónica desde el frente amigo,
primeras líneas de fuego,
Golden Lotus, Boulder, Colorado,
a Mario Cuenca Sandoval,

traductor de la obra "El ladrón de morfina".

Conocí a Caplan, y a su libertador al castellano, en algunas
"Carnicerías Reales", combatiendo letra a letra,
sílaba a sílaba, contra el Fascismo, el Pesimismo,
el silogismo, contra los "estalinismos" de pueblo,
contra idealistas de salón "machistas-tradicionalistas"
e imperialismos palurdos, contra imperialismos
de una catetez catequista,
contra los "papanatismos" y los "ecumenismos" intransigentes.
Conocí a Caplan cuando también peleamos
en contra de uno mismo -que, como advirtió Chandler,
no hay mayor lucha-, al igual que el Orwelliano "Homenaje
a Cataluña".

La fiable edición de Cuenca reproduce
sin dificultad la guerra interior y exterior,
la guerra civil que libra la mente de K.S.Caplan y Caplan,
yanqui y granjero, a veces no resulta
ni tan lejano ni tan distinto de aquel
Kafka que se dejó desparramadas
las neuronas por aquel asesino de la Europa
Central, Gregor Samsa, de quien tomó
idéntico nombre una banda de rock
alternativo de Virginia.

Caplan, "El ladrón de morfina", es la obra
completa de muchos.
Publicada ahora por primera
vez en España, hubo un intento anterior en la década
del setenta, las supresiones y los cambios impuestos por
la censura franquista hicieron desistir a un
traductor infame, se ha conseguido, a través del
intérprete Sandoval, comprender a un hombre
que ni siquiera logró hacerlo él, asunto que tampoco
debiera extrañarnos, pues no somos otra cosa que Caplan.

Que para conseguirlo hayan tenido que pasar tantos años
desde la primera edición inglesa de “The Morphine
Thief" y casi cuarenta de la muerte del general Franco
ha provocado el asombro que produce la libertad, el
haberse arriesgado, en el mundo editorial español.

La traducción del embrollo mental y las controversias de
Caplan, su escritura compartida con Sandoval,
junto a la denuncia sociopolítica, y los instintos
literarios de Mario S(andoval) C(uenca),
K.S.Caplan, el traductor nunca es un traidor aquí, ni
fuerza la toma del Castillo, de "K", sus transmutaciones,
sus identificaciones hacen que todos acabemos
preguntándonos algo elemental: ¿acaso no soy yo
Caplan?

Pocos lo consiguieron.


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